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La Coctelera

un rato de sol

i will work harder, ja ja ja, no ahora en serio.

26 Septiembre 2008

preocupaciones austriacas

Hoy quería hablar sobre guías de usabilidad hasta que he leído esto.
Así que he decidido que sería interesante cambiar de tema y escribir sobre algo me temo que preocupa a bastante más gente.

En Junio de 1914, en los billetes emitidos por el Banco de Inglaterra se podía leer: “I promise to pay the bearer on demand the sum of … pounds (of gold)” seguido de la pomposa firma del gobernador (Chief Cashier) del banco. Exactamente igual que hoy en día, con la única diferencia de que lo que entonces era el dogma central del primer sistema financiero internacional verdaderamente global, el Patrón Oro, no es ahora más que una curiosidad histórica.


En Julio comenzaría la I Guerra Mundial y una de sus primeras víctimas fue la convertibilidad de los billetes, destruida en unos pocos meses de otoño. Después vendrían unos cuantos millones de muertes y la destrucción de los principales países europeos. El Reino Unido nunca consiguió recuperar su papel hegemónico y el centro del poder cultural, económico y militar se desplazó desde Europa al otro lado del Atlántico.

El Patrón Oro, era un sistema de regulación de los mercados financieros realmente simple, pero efectivo. Cada país establecía una tasa de conversión de su divisa a una determinada cantidad de oro. Cualquier billete emitido podía ser convertido de inmediato en la cantidad equivalente de oro según el tipo establecido, además, ningún país podía poner cortapisas a la entrada y salida de oro a través de sus fronteras.
Nadie regulaba el sistema, sin embargo, este funcionaba sorprendentemente bien.
Cuando el país se endeudaba porque sus importaciones aumentaban y se producía un déficit en su balanza de pagos, el oro empezaba a salir del país, produciéndose una contracción de la oferta monetaria acompañada de la inevitable subida de tipos de interés. La subida de tipo y disminución del crédito suponía que los habitantes del país deficitario tenían que sacrificar consumo por ahorro, reduciéndose las importaciones y la demanda.
La siguiente consecuencia era que aumentaba la inversión exterior atraida por los bajos tipos y los bajos precios que favorecían las exportaciones. El resultado es obvio, el oro internacional empezaba a retornar, se corregía el déficit en la balanza de pagos y la oferta monetaria volvía a aumentar. Como resultado de todo esto, y en su versión más idílica, los tipos cambiarios fluctuaban en una banda muy estrecha y estable, ningún país podía endeudarse en exceso y el ciudadano no sufría el peligro de la inflación pagando con unos tipos de interés relativamente elevados.

Después de la Depresión y de la 2ª Guerra Mundial, la nueva potencia mundial decidió que el Patrón Oro había dejado de tener sentido y se estableció un nuevo sistema financiero internacional, de fuerte inspiración Keynesiana, fuertemente regulado. Los acuerdos de Bretton Woods convertían al dolar en el nuevo estándar de cambio, además de instaurar dos instituciones que debían velar por el nuevo sistema: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (irónicamente blanco de muchas iras desde hace años por su supuesto celo liberal). En este nuevo escenario el dinero sin respaldo real, más allá de la confianza del ciudadano en el banco central emisor, inició su hegemonía, finalmente consagrada cuando Nixon acabó con los últimos restos del Gold Standar al eliminar, de una vez por todas, la convertibilidad del dolar en oro.

Un banco central puede desde entonces, emitir cualquier cantidad de dinero que desee, manipulando la oferta monetaria a través de los préstamos en el mercado interbancario y pudiendo mantener así los tipos de interés tan bajos como desee. Además, no hay límites al deficit comercial que ese país puede contraer, especialmente si tu divisa es el dólar (o más recientemente el euro). El resto del mundo estará encantado de financiar tu gasto y acumular tu divisa. Si los tipos de interés se mantienen artificialmente bajos durante mucho tiempo (desde la creación del BCE el tipo de interés medio ha estado en torno al 3%), la percepción de lo que es rentable por los agentes del mercado empieza a resultar difícil. Si pensamos en crear una nueva empresa y planificamos nuestra inversión usando descuento de flujos de caja, un bajo tipo de interés hace que los flujos futuros de caja, y por lo tanto el proyecto, sean más atractivos, del mismo modo que hace que otras inversiones arriesgadas (más apalancadas) se vuelven también más y más atractivas (hedge funds, opciones exóticas), pero lo mismo se puede aplicar a las hipotecas contratadas por las familias. A medida que se acelera este proceso, la competencia por las oportunidades hacen incrementarse los precios.
La acumulación de errores en las decisiones de inversión acaba inevitablemente, como estamos viendo hoy en día, con el momento en que se frena la expansión monetaria y se pasa al reajuste brusco de los mercados. Tenemos una crisis.

Esta es, de una forma terriblemente tosca, la explicación que hace del ciclo económico la Escuela Austriaca de Economía, economistas que tuvieron el coraje de insinuar que el comportamiento de millones de personas es demasiado complicado como para explicarse mediante un par de funciones lineales y de reirse de las pretensiones cientifistas de muchos economistas y demás "científicos sociales": neoclásicos, marxistas, keynesianos, monetaristas... Personas, los austriacos, que por cierto, se sentían herederos de los frailes que daban clase en la Universidad de Salamanca en el siglo XVI cuando se atrevieron a decir cosas como que los súbditos tenían derecho a deponer al monarca si este envilecía la cantidad de oro de la moneda (por supuesto nadie les hizo caso y hoy casi nadie les recuerda).

¿Estoy preocupado? Sí, por supuesto, como todo el mundo. No sé si la empresa en la que trabajo, por ejemplo, dejaría de ser rentable con tipos al 6% o 7%, de interés. Leo que todo el mundo parece estar de acuerdo en que hay que hacer algo, pero espero que ese algo no suponga más regulación y menos individualismo, cuando cada día perdemos, poco a poco, pequeñas cuotas de libertad.

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JM

JM dijo

Este post sí que lo he entendido, y casi que me resulta más interesante que la programación funcional en haskell (:

26 Septiembre 2008 | 07:28 PM

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Trabajador del metal y del acero, en la gloriosa XING AG, escribo software con el que poder ganarme el jornal. En mi tiempo libre sigo tecleando código de bonitos colores a medio camino entre lo sublime y lo terrible. Últimamente me gustan mucho los gatos.

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