Premio Nobel de Economía 2008: Paul Krugman
Paul Krugman es el Premio Nobel de economía de este año, curiosa noticia en medio de lo que está cayendo. Los periódicos se han hecho eco de la misma de la manera habitual, pero a pesar de ellos, sería interesante que la gente entendiese en que consisten la aportaciones de Krugman al análisis económico.
Si se mira el perfil de Krugman en Wikipedia, a este se le clasifica con el amenazante adjetivo de neo-keynesiano, para entender ese calificativo debemos, como siempre, remontarnos en el tiempo en la incensante guerra de guerrillas que es la economía académica.
Cuando la economía moderna nace, con Adam Smith, John Stuart Mill, Malthus, etc... el objeto de estudio eran los mercados individuales, como el de los fabricantes de zapatos, por poner un ejemplo famoso. Conceptos como los de PIB, política monetaria, fiscal, etc. en los que interviene la contabilidad nacional y la acción del estado no existían y no eran una preocupación. La razón es que la economía clásica aseguraba como un dogma, que la economía en su conjunto era un sistema regido por un equilibrio en el punto, que usando términos modernos, denominaríamos "renta de pleno empleo".
El concepto es sencillo, en cualquier momento para un determinado mercado, sea este del tamaño que sea, hay una cierta cantidad de recursos productivos: tierra, capital y personas que pueden producir una cantidad limitada de bienes y servicios. Como el mercado se considera que es un mercado de competencia perfecta: sin asimetrías en la información, sin costes de transacción, sin barreras de entrada ni salida... todos los recursos están empleados de forma eficiente: no hay personas desempleadas de forma voluntaria, no hay tierras sin labrar, ni maquinaria sin producir, y por lo tanto se produce todo lo que se puede producir, que es exactamente igual a lo demandado, usando el término habitual: "el mercado se vacía" y los ingresos para los competidores son iguales a los costes de producción.
Con este panorama, la intervención del estado no tiene sentido, limitándose éste a ser un "estado guardian" que debe velar porque esa competencia perfecta se mantenga, sin intervenir lo más mínimo en otros aspectos.
Esta sorprendente teoría y su más sorprendente formulación matemática "marginalista", tuvieron pleno vigor durante todo el periodo de la revolución industrial hasta el climaterio británico, momento en que la Gran Depresión y la primera Guerra Mundial, con el colapso del restaurado Patrón Oro, pusieron en entredicho la validez de la teoría clásica.
En estos años de entreguerras, concretamente en 1936, un caballero inglés llamado John Maynard Keynes, publica uno de los libros más aburridos que haya tenido que leerse servidor: "Teoría General de la Ocupación el Interés y el Dinero", en este libro, Keynes se inventa una nueva forma de entender la economía, sumando las ofertas de todos los mercados de un estado y las demandas individuales de empresas y particulares. Surge así la macroeconomía, que en contraposición a la anterior microeconomía, no estudia mercados individuales, sino la demanda y oferta "agregadas" de un país.
La conclusión del análisis económico realizado por Keynes con sus nuevas herramientas de análisis económico 2.0. no es demasiado sorprenderte: la economía de un país se puede encontrar por debajo de su nivel de pleno empleo, e.g. existen sindicatos que hacen que los salarios sean inflexibles a la baja, existe el desempleo no natural, etc. Vamos, que ese montón de factores que hacen que los mercados no sean mercados de competencia perfecta, agregados, se traducen en una "brecha de producción" en la economía nacional, alejándola del nivel de pleno empleo.
Lo que ya es más sorprendente es la receta que Mr. Keynes da para acabar con esta situación: uno de los agentes que conforman la demanda agregada: el estado, debe empujar la demanda hasta alcanzar el nivel óptimo de producción y para ello, puede recurrir a varios instrumentos de "política económica": el tipo impositivo, el tipo de interés y el gasto público. Con estas tres medidas, que conforman todavía hoy en día el arsenal de medidas básico de cualquier ministro de economía, las democracias occidentales "salvaron" el capitalismo aplicando la receta keynesiana en casos como el del New Deal de Roosevelt o el nacimiento de las socialdemocracias europeas.
El problema es que si el estado empuja indefinidamente la demanda agregada, en el momento en que se sobrepasa el punto de pleno empleo, lo único que se consigue es incrementar precios sin incrementar la renta, tal y como predice el supuesto clásico, porque en el largo plazo, la oferta agregada es inelástica.
Keynes comprendía perfectamente esta limitación de su modelo y la solucionó con un famoso "en el largo plazo, todos muertos" o como se oye todavía hoy en día, "un poco de inflación y de deuda pública no son necesariamente malos".
En definitiva, tenemos que la oferta agregada se comporta en el corto plazo, de unos meses a un año, como describe el caso keynesiano, pero en el largo plazo, de unos años a una década, como describe el caso clásico. Esto es un extraño consenso en economía. El problema es que el intervalo que nos interesa es precisamente ese periodo intermedio.
A pesar de sus defectos, la economía keynesiana dominó ampliamente los ministerios de economía occidentales durante un par de décadas. Se llegó a un momento, conocido como el de la "síntesis neoclásica" en que los conceptos teóricos clásicos y keynesianos, unificados por los modelos y herramientas macroeconómicas parecían haber resuelto prácticamente el problema.
Los hijos más famosos de esta época son el modelo IS-LM, el modelo macroeconómico que se estudia hasta la saciedad en cualquier facultad de economía en un nivel de grado, donde se describe la economía como un doble equilibrio en un mercado de bienes y en un mercado monetario, sirviendo el tipo de interés como correa de transmisión entre ambos mercados para fijar la renta de equilibrio.
El otro resultado básico de la síntesis fue la "Curva de Phillips" que establecía una relación empírica entre inflación y desempleo, de modo que decrementos en el desempleo se traducían en incrementos en la inflación y viceversa.
Esta situación idílica salta por los aires con la crisis del petróleo de 1973. La sacudida es tal, que aparece por primera vez de forma generalizada el fenómeno de la estanflación: altos ratios de desempleo e inflación "simultáneos", algo que el modelo dominante no era capaz de explicar.
En este momento gana popularidad Milton Friedman y la Escuela de Chicago, conocidos popularmente como monetaristas. Los monetaristas usan las herramientas keynesianas para atacar al mismo keynesianismo, centrando su análisis en la parte LM, el mercado de dinero, del modelo de síntesis. Los monetaristas se basan en una versión sofisticada de la clásica "teoría cuantitativa del dinero" para situar el origen de la inflación en el tamaño de la oferta monetaria. Usando la famosa frase de Friedman "la inflación es siempre y en cualquier circunstancia un fenómeno monetario". Para un monetarista, incrementos en la oferta monetaria se traducen en incrementos en la inflación, no de la renta de equilibrio, además, el mercado tiende al equilibrio en ausencia de shocks en la cantidad de dinero, por lo que el único papel del estado, del banco central en este caso, es el de mantener el "control de los precios" y no intervenir activamente en la demanda. Para los miembros de esta escuela resultaba especialmente preocupante el control político al que se sometía al banco central desde el gobierno, usándose éste para financiar la deuda pública con una irresponsable expansión monetaria, así como el uso de la política económica en el corto plazo para asegurar reelecciones entre legislaturas por parte de los gobiernos, descuidándose el largo plazo económico. La solución monetarista se ha venido aplicando hasta prácticamente la actualidad, en la Fed con Volcker y Greenspan, en el Reino Unido desde Thatcher, con resultados desiguales (Volcker llevo a los EE.UU. a la mayor recesión desde la Depresión, pero consiguió controlar los precios y abonó el camino hacia el boom de los 90), y hoy en día el Banco Central Europeo ha venido aplicando una versión muy ortodoxa de monetarismo.
Sin embargo, el monetarismo nunca ha sido una teoría hegemónica, y nuevos desarrollos teóricos se han seguido produciendo. Uno de los más interesantes vino de la mano Robert Lucas y su teoría de las "expectativas racionales" cuya famosa crítica (el modelo de síntesis supone que los agentes toman decisiones que son incoherentes con el propio modelo), pone de manifiesto que si los agentes actúan con racionalidad, serán capaces de descontar antes de que sucedan las medidas de política económica en el momento en que se anuncian, invalidando así su efecto. Desde esta perspectiva, la única política económica efectiva sería aquella en la que un gobierno hace lo opuesto a lo anunciado para sorprender a los mercados.
Estos desarrollos teóricos han dado munición a los campos clásico y keynesiano, apareciendo escuelas de "nuevos clásicos" y "nuevos keynesianos" que intentaron adaptar las respectivas teorías para explicar los nuevos problemas que iban surgiendo.
A esta última escuela de pensamiento, la neo-keynesiana, pertenece como dijimos al principio el nuevo y flamante Premio Nobel de Economía, Paul Krugman. Esta escuela une la teoría de expectativas racionales, con el concepto de "costes de menu", idea muy discutida que afirma que las empresas son inflexibles al cambio en los precios porque los costes que les supone cambiarlos a la baja sobrepasan a los beneficios que obtendrían, así como con el desarrollo de una base microeconómica sólida de su teoría macroeconómica, para justificar los viejos presupuestos keynesianos de brecha de producción.
En concreto, el trabajo de Krugman ha tocado diversos campos como el estudio de la crisis económica japonesa de los 90, que Krugman analizó desde la perspectiva de la "trampa de la liquidez": ¿qué pasa cuando un banco central baja los tipos de interés hasta el límite? eso es lo que afirma Krugman que sucedió (y sucede todavía, el año pasado Japón consiguió por primera vez en mucho tiempo tener un 0,25% de inflación, hecho muy celebrado por toda la clase política japonesa), una política monetaria irresponsable que en vez de sacar al país de la aguda crisis inmobiliaria en la que se había deslizado, dejo durante una "decada perdida" la economía japonesa en coma.
Los éxitos más destacados de Krugman han estado relacionados con el estudio del comercio exterior, donde ha trabajado en el problema de por qué las devaluaciones en las divisas, como respuesta a balanzas de pago muy deficitarias, tardan tanto en producirse, así como otros problemas de ajuste internacional y relación entre balanza de pagos y precios. Este conjunto de ideas se conoce como "nueva teoría del comercio" y sus propuestas resultan polémicas desde el punto de vista clásico, ya que justifica políticas proteccionistas para las empresas nacientes de un país hasta que tengan el tamaño suficiente para competir con la industria internacional que ya ha alcanzado efectos de economías de escala. El ejemplo característico de lo anterior es nuevamente Japón, que protegió su industria, por ejemplo, la automovilística, durante décadas, adaptando tecnología y conocimiento occidental hasta el momento de integrarse al comercio internacional en condiciones de competir y posteriormente aventajar a las empresas dominantes de otros países como EE.UU o los países europeos. La NTT ha sido acusada desde el campo defensor del libre comercio, acusándola de no ser más que una nuevo traje para el viejo argumento mercantilista, criticando las bases estadísticas de la misma, así como haciendo hincapié en que, con su defensa del mercantilismo en los países en desarrollo, se perjudica al consumidor individual, dirigiendose el uso final de los recursos de la sociedad.
Como se puede observar, los argumentos y contraargumentos, se repiten continuamente en versiones más sofisticadas, pero al final los polemistas siempre intentan contraponer como excluyentes dos visiones de la realidad económica que simplementen describen diferentes momentos de un sistema extremadamente complejo de describir y modelar estadísticamente. Sin embargo las políticas que se implantan suelen tratar los problemas y prescribir soluciones de una forma dogmática y simplista, con la vista fija en el corto plazo, en la próxima elección. El Comité Nobel con este premio también está dando su receta, que cada uno juzgue lo oportuno de la misma. Al final Keynes tenía razón, en el largo plazo todos muertos.

JM dijo
La cuestión es si el "largo plazo" ya está llegando...
15 Octubre 2008 | 12:56 PM